El hombre que quiero, es el que
tiene puesta una sonrisa cuando yo estoy triste y me contagia, es el que se
impresiona por cosas pequeñas, pero hace que yo las haga notar para recordarme
que no pueden pasar desapercibidas dado que, las simplezas son tan
extraordinarias que de ahí parte la gran importancia de vivir.
El hombre que quiero, se le
ocurre todo el tiempo improvisar para salir de la monotonía, porque él tiene
muy en claro que no pretendo sentarme todos los días en el mismo sofá, él vive
soñando, sueños fortuitos, sueños conmigo, sueños bonitos.
El hombre que quiero además de
ser amante, es sin quererlo un guía el cual aprendo todos los días, porque
imparte sus conocimientos, él sabe a dónde va, tiene en cuenta que a cualquier
parte iría con él, de igual forma, es consciente que mi amor hacia con él, es
libre, me conoce tanto, que si me cortas las alas, y me encierra en una jaula
ese amor puede ir minimizándose, estaré triste, pero él necesita verme feliz,
feliz siendo de él, pero no completamente atada, porque mi alma se la pasa
caminando y en constante movimiento, pero siempre teniéndolo presente.
El hombre que quiero es
inteligentísimo, pero no porque se haya leído un gran repertorio de libros, ese
hombre es inteligente en la toma de decisiones y está al tanto, que a veces
cuando digo “NO” es porque sabe que es un rotundo sí, un sí de más, más de él, más amor, más
caricias, más de mucho más.
El hombre que quiero, no lee sólo
libros , va más allá, se la pasa leyendo mis ojos y tocando mi alma, tiene tan
buena ortografía que sabe pausar cuando cree que va muy rápido, colocando punto
y coma en el preciso momento.
El hombre que quiero tiene el
autoestima alta, pero no es porque está pendiente de su físico ni de su
indumentaria, los hombres metrosexuales no van conmigo, tiene el autoestima tan
alta porque sabe que no es superfluo, sabe que tiene un lugar en la vida y en
mi vida, también sabe que se lo merece, porque se ama y por ende me ama, por
tanto trasmite amor y eso me encanta.
El hombre que quiero no vive de
apariencias, él comprende que las máscaras son sólo para carnaval, él es astuto
para tomar las riendas de su vida, pero sobre todo es astuto para dirigirse a
mí, tiene tan buena oratoria que me envuelve, pero no sin dejar atrás, es
astuto porque calla en el momento acertado.
El hombre que quiero puede ser
alto, bajo, flaco o gordito, tampoco es un hombre sin debilidades, todos las
tenemos, al igual que yo, tiene miedos, y flaquea en oportunidades, pero yo
seré la base que lo empuje a salir si está en un abismo, quizás no le guste el
mismo escritor(a) pero trata de interesarse en cierta forma de ello, porque de
esa manera aprende más de mí.
El hombre que quiero no vive por
vivir, sino para sentir, para amar, para tocar, pero sobre todo para apreciar,
ese hombre quizás es temperamental o bipolar, de pronto un poco fuera de lo
normal, pero ese hombre me mata, porque además de no ser perfecto tiene un gran
potencial.
Ese hombre es imperfecto, a la
vista de otros, pero la imperfección está dentro de la perfección, o quizás la
perfección no exista pero a mi realidad, ese hombre se parece cada vez más a
ti.