Una
mañana muy soleada típico de los amaneceres de la ciudad mariana, vislumbre la
cúpula de un cielo brilloso, que hacia juego con los transeúntes que hacen vida
en la ciudad. Mis ojos se aferraron ferozmente a ese paisaje que se posaba ante
mí, aunque se entristecían a su vez por la temible basura que destilaba
mediante recorría mi mirada, entorpeciendo el hermoso panorama. Lastimosamente,
poco a poco vamos dañando a nuestro paso el elocuente espectáculo que nos
ofrece esta tierra llena de interminables riquezas. Tenemos sobredosis entrañables de recursos naturales e históricos.
Pero también, sobredosis de inconsciencia.
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